Los NIETOS, la ALEGRIA de VIVIR

Los procesos afectivos en las personas de edad avanzada, se manifiestan a través de estados de ánimo, emociones y sentimientos que expresan la relación que existe entre las necesidades y la satisfacción que procede del medio. En los ancianos son frecuentes los estados de ánimo particulares de irritabilidad, inestabilidad y pesimismo. La afectividad del anciano está fundamentalmente influida por los eventos vitales que ocurren como: la jubilación, los accidentes, las enfermedades, la pérdida de familiares y/o amigos y otros.


Cuando no existe un enriquecimiento de nuevas aportaciones, el anciano se apega inesperadamente a lo adquirido y evoluciona dentro de un universo restringido. Lo anterior se vuelve un círculo vicioso en donde la regresión intelectual engendra un vacío afectivo, el cual conlleva a un mayor deterioro por falta de estimulación.

La jubilación, situación social en que se encuentra una persona a partir de la cesación de la actividad laboral remunerada pone al adulto mayor en una situación de "inutilidad obligada" donde se hace necesario cambiar roles, reestructurar contactos sociales, se modifica la economía; cambia la categoría de tiempo libre, convirtiéndose muchas veces en un fantasma. El status de jubilado marca la entrada a la vejez para la gran mayoría de la población activa y en muchos casos las expectativas iniciales relacionadas con el estado positivo esperado, deseado durante años y en ocasiones idealizado se convierte en la pérdida de una base imprescindible para la identificación personal y el sentido de la vida.

Dentro de las relaciones más estables y permanentes son las referidas al área familiar, así el niño pequeño, por ejemplo tiene (o debe tener) a su disposición, el apoyo y el cuidado de sus familiares de manera incondicional. La vejez por otra parte constituye una etapa especial donde numerosos cambios ocurren rápidamente en la vida, se considera por tanto que al igual que en la niñez, el anciano es por excelencia un receptor de apoyo social.

Para el anciano es tan importante recibir ayuda de su familia como brindarla, sentirse reconocido, querido y que no es un estorbo para las personas que lo rodean. La situación de proporcionar y recibir cuidados es constante a lo largo del ciclo vital de las personas . 

Una función básica de la familia es la afectiva y que consiste, en la transmisión del amor que se profesan entre si sus integrantes. El afecto es el vehículo para ejercer el resto de las funciones. La satisfacción de las necesidades afectivas que ocurre a nivel familiar permite el desarrollo de la confianza básica, la seguridad y la autoestima que requieren los individuos para la vida, además constituye la base de apoyo y estabilidad psicológica. La familia constituye la primera red de apoyo social que posee el individuo a través de toda su vida y por tanto se reconoce que esta instancia ejerce una función amortiguadora ante las tensiones que genera la vida cotidiana. Es conocido que una ayuda familiar tanto de índole económica, material o espiritual, a menudo contribuye disminuir el impacto de ciertos cambios de alto significado para la vida del sujeto. 

La familia como institución y grupo es en parte la responsable del funcionamiento inapropiado de algunos de sus miembros pero también puede ayudar a ser en si misma portadora de recursos en materia de asistencia de posibilidades creativas.


Pero, por lo general, los abuelos sienten mucho placer con sus nietos. Estar con ellos es también una forma de renovarse personalmente. Es tener más participación en la familia, y sentirse más jóvenes y actualizados. Se aprende mucho con los niños.